Los “hábitos alimentarios” pueden definirse como una manera consciente y reiterada en que las personas comen de manera cotidiana, incluyendo los tipos de alimentos que consumen, cantidades, momentos de consumo, etc. Estudios realizados en los últimos años han encontrado evidencias de que es probable que los niños conserven en la edad adulta hábitos alimenticios adquiridos en casa, así como en el entorno social.
Numerosos factores parentales influyen en los hábitos alimentarios de un niño que a su vez quedaran establecidos a lo largo de su vida. Estos factores interactúan recíprocamente, por lo que no pueden considerarse por separado, sino que deben evaluarse individualmente como por ejemplo el entorno familiar, comidas familiares, etc. Es por ello por lo que las familias deben adoptar hábitos saludables en el hogar ya que es una estrategia útil para prevenir la obesidad y el sobrepeso en la edad adulta, estos hábitos incluyen: alimentación equilibrada, reducción o eliminación de los azucares simples, ingesta reducida de comida rápida o ultraprocesados, actividad física recomendada y exposición limitada a factores estresantes no saludables. Los padres son un referente importante para los niños y los seguirán en todo lo que hagan, pero… ¿Qué hacer una vez establecidos los malos hábitos de vida?
Los facilitadores y barreras que nos hacen cambiar de hábitos de vida se han convertido en un tema de investigación en estos últimos años, aunque esta no es una tarea fácil, por lo que hay dos preguntas que nos solemos hacer: ¿Qué es lo que motiva a las personas a empezar un cambio en el estilo de vida? y ¿Qué ayuda a las personas a mantener los cambios en el estilo de vida saludable a largo plazo?
Uno de los motivos que lleva a las personas a realizar un cambio de hábitos de vida que dure a largo plazo es el deseo de sentirse mejor ya que en la mayoría de los casos sufren de una afección que hace que su calidad de vida se vea mermada. Otro factor es el de la investigación y el aprendizaje que se ve como un factor importante a la hora de mantener los hábitos de vida saludables porque hace más participes a los pacientes y se involucran más, además cuando ven que son estos hábitos desempeñan un papel útil en el mantenimiento de su salud y los múltiples beneficios que les aporta también contribuye a la constancia.
Con esto no quiero decir que sea tarea fácil y que, si no lo consigues es porque no tienes fuerza de voluntad, ni mucho menos. Cambiar hábitos es una tarea larga y complicada, ya que como hemos visto estos hábitos estas instaurados desde la niñez, además cada persona lleva su ritmo y tiene sus necesidades, por eso es importante acudir a un profesional que nos ayude en el camino y nos pueda enseñar y asesorar adecuadamente.
Bibliografía
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