Todos hemos oído hablar del ahora tan de moda “SIBO” y de los efectos que tiene sobre nuestro cuerpo, incluso alguno de nosotros lo hemos sufrido o probablemente esta sea la primera vez que oyes hablar de él, pero ¿sabemos realmente lo que es el SIBO? ¿Qué lo produce? ¿Cómo se diagnostica?... Tenemos mil dudas y cuestiones que seguro, si hemos oído hablar del SIBO, hemos intentado resolver visitando diferentes webs, perfiles de influencers que dicen haberla sufrido, etc.
Aquí, con ayuda de estudios científicos, resolveremos muchas de estas dudas que nos surgen al hablar de esta enfermedad, empecemos por lo más básico…
¿Qué es el SIBO?
El SIBO es un sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado que se debe a la existencia de bacterias del colon en el intestino. Existen tres mecanismos de protección principales en el organismo que evitan que se produzca un sobrecrecimiento bacteriano:
- Mecanismos de defensa gastrointestinales: relacionados con el ácido clorhídrico, enzimas pancreáticas, bilis e inmunidad de las mucosas y su producción. Si tenemos problemas para producirlos, tomamos medicamentos que los inhiban o existe una patología de base que altere su producción, aumenta el riesgo.
- Motilidad gastrointestinal: es una acción fisiológica normal que realiza movimientos para favorecer el mezclado de los alimentos con los diferentes ácidos y enzimas, además de desplazar el contenido de la boca hacia el ano. Si estos movimientos se alteran, el proceso no se lleva a cabo correctamente.
- Anatomía del tracto gastrointestinal: anomalías gastrointestinales como divertículos, estenosis o fístulas pueden hacer que los demás mecanismos de protección no cumplan su función de manera eficaz.
Otros factores de riesgo que predisponen a sufrir SIBO son la edad, ya que el riesgo aumenta con los años, y enfermedades coexistentes de otros órganos y sistemas; además de comorbilidades como el síndrome del intestino irritable (SII), la enfermedad celíaca y las enfermedades hepáticas.
¿Cuáles son los signos y síntomas del SIBO? ¿Cómo se diagnostica?
El SIBO tiene muchas manifestaciones clínicas que pueden hacer sospechar de su presencia. Los síntomas gastrointestinales más clásicos son el malestar y la distensión abdominal, náuseas, gases, estreñimiento y/o diarrea acuosa crónica.
Estos síntomas son debidos a una mala absorción de nutrientes o a un cambio en la permeabilidad intestinal resultante de la fermentación bacteriana patológica en el intestino delgado. Entre las consecuencias a corto y largo plazo se incluyen:
- Esteatorrea (presencia de grasa en las heces por una mala digestión o absorción).
- Pérdida de peso por malabsorción de grasas y proteínas.
- Deficiencias vitamínicas, sobre todo de vitaminas A, D y K. Una de las más comunes es la deficiencia de vitamina B12, que puede causar debilidad, ataxia sensorial y parestesia.
- La deficiencia de vitamina D también puede ser frecuente, provocando dolor abdominal agudo, parestesia en las extremidades y calambres musculares por hipocalcemia.
- En casos muy raros, acidosis D-láctica, que puede producir un síndrome neurológico con alteración del estado mental, dificultad para hablar, convulsiones y ataxia.
Para diagnosticar el SIBO, la prueba más común y menos invasiva es la medición del gas hidrógeno y/o metano exhalado en el aliento tras ingerir una cantidad fija de un sustrato de carbohidrato. Esta prueba puede presentar falsos negativos, por lo que la preparación previa es muy importante.
Antes de la prueba deben seguirse las siguientes pautas:
- No tomar antibióticos al menos cuatro semanas antes.
- Evitar carbohidratos complejos fermentables y productos lácteos 24 horas antes.
- Evitar tabaco, probióticos y enemas.
Tratamiento
El tratamiento del SIBO es una combinación de diferentes factores:
Antibióticos
Tradicionalmente se utilizan metronidazol, ciprofloxacino, tetraciclina, amoxicilina-clavulanato, neomicina y rifaximina, aunque la elección depende de factores como el tipo de SIBO (hidrógeno, metano o mixto) y la tolerancia del paciente.
Suplementos vitamínicos
Se emplean para tratar las deficiencias nutricionales del paciente.
Probióticos
Son microorganismos vivos que pueden aliviar los síntomas del SIBO cuando se toman en cantidades suficientes. Pueden actuar modulando la microbiota intestinal, manteniendo la integridad del epitelio intestinal, regulando citocinas antiinflamatorias, produciendo ácidos grasos de cadena corta y ramificada, e interactuando con el eje cerebro-intestino. Algunos estudios sugieren que también pueden mejorar la eficacia de los antibióticos.
Suplementos de hierbas
Aunque no sustituyen a los antibióticos, algunas hierbas tienen propiedades antibactericidas y antiinflamatorias que pueden ayudar en el tratamiento.
Dieta FODMAP
La dieta baja en FODMAP es probablemente la más conocida en el tratamiento del SIBO. Se basa en restringir oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables, que son carbohidratos de cadena corta osmóticamente activos y fermentables en el intestino delgado por las bacterias.
Esta alimentación implica una dieta baja en fibra, alcoholes de azúcar y otros edulcorantes fermentables como la sucralosa, por lo que no resulta fácil de seguir. Por ello, es recomendable ponerse en manos de un nutricionista experto que pueda ayudar y asesorar.
Conclusión
Ahora ya sabemos un poquito más sobre el SIBO y sus implicaciones en el organismo, así que, si tienes sospechas de tenerlo, no dudes en acudir a tu médico de cabecera o ponerte en contacto con un profesional especializado.
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